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El cannabis potencia la violencia y criminalidad mito o verdad?

Por Ricardo Sosa (experto en criminología y seguridad)

Uno de los temas que requieren atención y seguimiento en el mundo es la operación del crimen organizado transnacional y sus principales negocios crimínales que financian y maximizan sus operaciones en el mundo. La criminología me ha enseñado y permitido estudiar, leer, investigar sobre diferentes fenómenos crimínales y sociales para buscar y encontrar posibles soluciones en labor de la prevención y disuasión del delito. En El Salvador existe un alto consumo histórico del “cannabis sativa” conocida como “marihuana”  que es la sustancia ilegal más utizada en el mundo. De esta planta se utiliza para consumo la marihuana (1%), el hachis (5-15%), el aceite de hachis (11-28%) su forma habitual de consumo es fumada sola o mezclada con tabaco.

Cuando se fuma el 50% del alcaloide es absorbido y pasa rápidamente a sangre, produciendo su efecto en aproximadamente cinco minutos, su eliminación del plasma es rápido pero se acumula en tejidos, con una vida media de siete días, se elimina por las heces en un 80% y un 20% en orina. En las últimas semanas algunos amigos y medios me han consultado al estilo de las series de cable “si es cierto que los crimínales utilizan la marihuana para cometer crímenes y delitos en especial violaciones” y les compartí algunos pensamientos de lo que dicen las ciencias forenses sobre el cannabis y del libro “Tras el Grito” del periodista británico Johann Hari quien investigó en nueve países sobre la guerra contra las drogas, con mucho énfasis sobre la marihuna, de lo cual comparto algunas ideas antes de brindar mi opinión si hay estudios sobre la incidencia criminal y delictiva, y es que produce: risas, alegria, euforia, relajación, tranquilidad, sensación de bienestar, armonía, buenas vibras, evasión de la realidad, ensoñación, miedo, desconfianza o pánico.

Existen estudios de reconocidos criminólogos en el mundo como el español Manuel López Reyes y Bernardo Ramírez Zuluaga quienes han invertido muchos años de sus investigaciones a nivel de tanques de pensamientos, universidades, escuelas criminológicas para poder estudiar si existe evidencia empírica, estadística, refencial y otras sobre la relación marihuana, violencia y delito y sus conclusiones son contundentes en manifestar que no existe, esto se suma a diferentes investigaciones periodísticas.

Es más en El Salvador la marihuana alcanzó su máxima explosión en la década de los setenta con la llegada del fenómeno “hippie” que fue bautizada en la famosa esquina de la muerte como “la droga del amor” que puso de moda la frase “amor y paz”. Desde el punto de vista de la toxicología forense y cómo actúa el cannabis en el organismo es evidente que no puede provocar por sí sola una reacción violenta, sería contrario a su proceso ya dentro del cuerpo. Lo que si sucede es la combinación con otras sustancias o drogas que provocan un abuso y otras reacciones a nivel del sistema nervioso central.

Al conversar con privados de la libertad en nuestro sistema penitenciario condenados por delitos contra la libertad sexual pude confirmar con los agresores gran parte de estos estudios internacionales, quienes me comentaron que al consumirla incluso tenían problemas de exitación, no encontré ninguno en esa muestra que hubiera cometido el delito bajo influencia de marihuana y que la consumiera. Es más al consultarle a psiquiatras y médicos me compartieron que habían estudios como el 2011 por la Sociedad Internacional de Medicina Sexual mostró que en animales de experimento mostró impacto negativo sobre efecto inhibidor de receptores específicos del tejido eréctil. Otro estudio demostró que el uso de cannabis tiene el doble de probabilidades de sufrir disfunción eréctil.

En Uruguay legalizaron la marihuana como una estrategia para robarle el mercado a crimínales y en pocos años le ha quitado al mercado negro ventas superiores a 50 millones de dólares, y cerca de cuatro millones de habitantes la consumen y compran 38,000 lo cual dejó muy debajo las proyecciones que los consumidores incrementarían y podrían rondar un millón de uruguayos, por supuesto que los crimínales sigueron con la cocaína pero el negocio del cannabis lo perdieron.

En el denominado “triángulo norte de Centroámerica” las pandillas consumen mayoritariamente la marihuna, siendo la sustancia predilecta, les ayuda a “relajarse” y a compensar niveles de adrenalina, siendo uno de los grandes mercados del crimen organizado transnacional, además de la población de estos países.  Por lo que es importante abrir paso al estudio, análisis, discusiones académicas técnicas especializadas con enfoque forense para considerar una posibilidad para su legalización ya que está opción les complicaría grandemente a las estructuras el poder continuar con el mercado ilícito  y los Estados asumirían el control, sería un golpe estratégico para la región en la cual deberían de aliarse con México. No confundamos que la consuman a que sea un factor criminógeno en potencia. Si un delincuente quiere cometer un crimen definitivamente la marihuna no es la opción.