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Gobernar en tiempos de coronavirus

Desde que la OMS cambió el termino de epidemia a pandemia al COVID 19, el Presidente Nayib Bukele tardó menos de media hora para pasar la alerta de amarilla a naranja, y en cuatro horas ya tenía una respuesta a la nación cerrarle la fronteras a la mortal enfermedad.

El mandatario optó por una operación radical, algo similar a someterse a quimioterapia para erradicar el cáncer; pero en su caso apostó por reducir el grifo económico en bien de salvaguardar la salud y vida de la población.

Decretó 21 días de cuarentena en todo el territorio nacional: lo que implica involucrar a todo aparato de gobierno en estrategias de salud, suspensión de clases, eventos masivos, cierre de fronteras a  extranjeros, y la jugada maestra un plan económico anticrisis.

Las medidas, por la rápida respuesta, pareciera se cocinaron sobre las “llamas”, pero la cocción, a juzgar los aplausos acumulados, parece ser la más acertada ante una amenaza como el nuevo coronavirus.

Durante la cadena televisiva el presidente Nayib fue claro en que el ingreso o no de la enfermedad al país no podía predecirla a futuro, pero también se es claro que el éxito de las acciones dependerá de la repuesta de la población.

Así por ejemplo el plan económico anticrisis involucra a todo el sector productivo del país, a la Asamblea Legislativa en la aprobación de fondos para la realización d los proyectos municipales y gubernamentales   en cartera.

Fuera de los políticos y empresarios, las instituciones educativas y recreativas al igual que pueblo también deben jugar un papel predominante en el flujo migratorio.

Las autoridades deportivas por su parte al jugar su papel deben suspender partidos de fútbol o cualquier otro evento de esta índole, así mismo deben quedar en el dique seco, conciertos y todo acto que convoque a más de 500 personas.

Este mismo mandato debería ser cumplido por todas las iglesias que tienen masivo flujo asistencial, aglomeraciones en el transporte colectivo; incluso como actos auto solidarios, el pueblo debería reprogramar fiestas sociales.

Será el tiempo el mejor testigo de esta jugada de Nayib, pero lo que si queda claro, es que así como se adelantó adoptando protocolos anticipados, el mandatario le ha ganado tiempo al tiempo retardando la llegada de la enfermedad al país.